“Bowl food”, una tendencia en crecimiento

Los platos planos podrían ser cosa del pasado, al menos en ciertos círculos en donde se impone con fuerza la moda de comer en bowls (tazones). La tendencia es furor en Estados Unidos (sobre todo en la costa oeste) y en Europa, y se expresa en todo su esplendor en redes sociales como Instagram y Pinterest, en las que las fotos de comidas, batidos, y smoothies en estos recipientes se multiplican por millones.

Esta tendencia podría enmarcarse más en una cuestión de lifestyle (estilo de vida). Sus cultores, esos que adoran fotografiar y compartir su estilo de vida, donde todo se ve lindo y sabroso, fueron los que comenzaron a subir a sus cuentas imágenes de desayunos, almuerzos y cenas servidos en bowls y propagaron así esta moda.

Para tener una idea en cifras, sólo en Instagram hay más 1.3 millones de publicaciones de batidos, yogures y postres con la etiqueta #smoothiebowl.

Esta tendencia también llegó a las librerías de Estados Unidos, Inglaterra y España, donde en menos de un año se editaron al menos siete libros dedicados a recetas de bowl food.

“Las comidas en bowls son una tendencia con tracción y en los últimos cinco años subieron casi un 20 por ciento en la categoría ‘entrada’”, dijo al NY Post la editora en jefe de contenido global de la consultora Technomic, Aimee Harvey, dedicada a la industria alimentaria.

La estadounidense Lily Kunin, reconocida como ‘health coach’ (entrenadora en salud), especialista en comida sana y autora de varios libros, fue aún más lejos. “Probé la misma comida de un bowl en un plato y simplemente no estaba tan buena”, sentenció esta joven, que además de sus libros y un sitio web tiene 119,000 seguidores en Instagram.

Es innegable que un batido de yogurt, frutas y cereales se ve mucho mejor y más apetitoso en un bowl que en un vaso, pero resulta improbable, y casi inverosímil, que éste tenga mejor sabor por el hecho de estar servido en un cuenco.

Sin embargo, hay estudios que afirman que todo tiene que ver con la forma en que una variedad de estímulos sensoriales puede afectar nuestra percepción del sabor e incluso el nivel de plenitud que sentimos después de una comida.

En ese sentido, también ha sido documentado el poder que tiene el color y la textura de los alimentos a la hora de influir en el gusto, al igual que la importancia de los utensilios empleados y los materiales de los que están hechos.

Según Charles Spence, experto en psicología del gusto en la Universidad de Oxford, cuando se trata de loza todo tipo de factores pueden entrar en juego, y sostiene que “los cubiertos que usamos influyen en el sabor de las cosas”. El autor de ‘Gastrofísica: la nueva ciencia del comer’, afirma que “todo, desde la textura, la temperatura, la sensación, los cubiertos o el bowl, puede encajar en esto”.

Spence sostiene que el bowl food podría ser una reacción a la rareza de estas tendencias, pero también un reconocimiento de que los cubiertos son importantes y que algunos alimentos realmente se benefician al ser servidos de una manera particular.

Pero más allá de las percepciones del gusto, hay cuestiones nutricionales que juegan en el bowl food, ya que esta modalidad no admite que adentro del cuenco se ponga cualquier alimento, tal como ocurrió en febrero del año pasado con la célebre empanada servida en un frasco en un restaurante de Palermo, imagen que se viralizó en las redes sociales.

En ese sentido, Florencia, propietaria de Sedaï, un pequeño restaurante dedicado al bowl food en la zona norte del Gran Buenos Aires, le dijo a la agencia de noticias Télam que lo que buscan es que sea “una comida saludable”. “Nuestra base es el arroz, es decir proteínas a las que le sumamos las salsas y después combinamos con verduras, pollo o pescado”.

En el caso de este lugar, pionero en su tipo, la propuesta es ‘sushi bowls’, es decir ensaladas gourmet preparadas a base de arroz de sushi y acompañados con diferentes ingredientes.

Florencia revela que cuando en mayo de 2016 puso el primer local (hoy tienen tres) ignoraba la tendencia del bowl food y que la idea nació como un recurso económico más que como una tendencia gastronómica. “No sabíamos que había una movida con esto. Cuando conocí este tipo de comida en Japón, inmediatamente pensé: esto es lo que hay que hacer porque es saludable, práctico y económico”, confiesa.

La emprendedora, quien incursionó en la gastronomía con este local, se asombró por la respuesta y de lo rápido que creció el negocio. “Nos sorprende que nuestros principales consumidores sean chicos de 10 años, adolescentes y gente muy joven, que buscan este tipo de comida sana y que le gusta y divierte más que una hamburguesa”, explica.

Fuente: Clarín